Que extraña era la sensación de tus manos sobre mi cuerpo.
Tenías una habilidad increíble para desnudarme sin haberme tocado.
Amé como tus labios devoraban los míos dejando un ligero dolor como recuerdo de tus besos.
Tu piel y la mía generaban una pésima combinación en la colorimetría, pero en química resultaba inigualable.
Mirarte perdido en mi interior era una sensación que me humedece de solo recordarlo.
Esa energía a la que llaman “conexión” no he podido tenerla con nadie más.
Y peor aún, sé que no volverás.